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Florentino Almeida : Sábado 28 de agosto de 2010
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Hace más de cinco décadas, cuando todavía me paseaba entre los jóvenes, observando el comportamiento de la juventud ante las personas mayores, el poco respeto, y falta de consideración, tuve la inspiración de escribir algo al respecto, que sirviera como reflexión a los jóvenes titulado: “La vejez”.
“Se dice que no hay cosa más triste que la vejez, pues representa el ocaso de una vida que fue joven y esplendente. Con ella vienen las enfermedades, las canas, las arrugas, la pérdida de la visión y de la energía. La vejez es la otra cara de la moneda: La realidad de la vida.
Algunos, mirando esa realidad, dicen “yo no quisiera ser viejo”. La vejez es vista con horror, y al fin se acepta antes que a la muerte, pues cuando ya los años avanzan, una de estas dos cosas se nos viene encima: La vejez, o una muerte prematura. La vejez es terrible, pero la muerte es temible.
Cuando se puede llegar a esa parte postrera de la vida con alguna salud, la cosa es distinta. Al ver a un anciano con cierta fortaleza decimos: “Si yo llegara a la vejez así”. Pero hay casos muy tristes y penosos: Hombres y mujeres que conocimos todavía con ciertas reservas físicas, y al cabo de unos años no son más que guiñapos humanos que inspiran respeto y compasión para algunos y burla y desprecio para otros.
Es lamentable que haya personas que no sepan respetar dignamente las canas. Niños que no han recibido toda la educación que sus padres debían haberles impartido. Jóvenes que porque hoy disfrutan de la fortaleza y pujanza de la vida, se jactan de ello, y no piensan que esos ancianos un día fueron como ellos. Adultos que se olvidan que están caminando las últimas “millas” de su carrera en este mundo, y no se detienen a pensar que muy pronto llegara para ellos el ocaso.
¿Cómo os atrevéis a burlaros de las canas de un anciano? Los ancianos merecen todo el respeto y la consideración. A ellos les debemos el progreso de este mundo. Paguemos parte de esa deuda con nuestro respeto “rindamos honor a quien honor merece”.
No te burles en ninguna manera, no le empujes para seguir tú adelante, no lo tengas como un estorbo, muestra tu agradecimiento, sobrellevándole.
El salmista David, contemplando la realidad que es la vejez, pedía a Dios protección para ese tiempo diciendo: “No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mis fuerzas se acabaren, no me desampares”.
¡Qué triste será vivir desechado por los demás! Hay hijos que cuando sus padres han envejecido los desechan. ¡Qué horror!
Estas cosas tan terribles, que no sucedan nunca entre nosotros que hemos conocido el amor de Dios y que tenemos su Palabra como norma para nuestra vida. Pues la palabra de Dios nos dice: “No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre”. Siempre con cariño y respeto. Hagamos la vida de nuestros ancianos más placentera considerándolos en todo momento y no será para ellos tan terrible la vejez.
-Apóstol Florentino Almeida
Pensamiento: La vejez es juventud acumulada.
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