En estos días vi un reportaje que le hicieron a una maestra de escuela que al mismo tiempo fue como un reconocimiento especial, le decian “La maestra excepcional del salón #325”, pues era el aula donde ella enseñaba. Fue algo sumamente emocionante, le trajeron a muchos de los alumnos que ella con dedicación, paciencia y mucho trabajo los ayudó y enseño para que pudieran graduarse. Esa maestra derramó muchas lágrimas en ese programa y creo que muchos de los que la vimos también lo hicimos. Ella hizo un recuento de su carrera como maestra, un trabajo duro y difícil, que solamente los que lo hacen saben por todo lo que tienen que pasar. Todos los niños y jóvenes estudiante son diferentes y cada uno tiene sus propios problemas que los maestros deben entender. Es bastante parecido al trabajo de los padres, pero mucho más difícil quizás, porque tienen que lidiar con todo tipo de caracteres. Son los que los preparan para que sean buenos ciudadanos en el futuro.
Cada uno de los estudiantes que fueron al programa fue dando su testimonio, y explicaban cómo esta maestra había influido en sus vidas de una manera positiva y como los había ayudado de tal forma que ya tenían terminada su carrera como profesionales.
Amigo lector, cuando escuchaba todo esto, venia a mi mente y lo veía con la vista del espíritu, como una película al amado Maestro de Maestros, al que después de enseñarnos con mucho amor y paciencia, la conducta que debemos seguir, después de darnos tantos ejemplos de cómo debemos comportarnos con nuestro semejante, entregó su vida preciosa por nuestro rescate. Lo veía como un cordero perfecto, que llevaban al matadero a pagar por algo que Él no había cometido, siendo totalmente inocente. Lo vi entregando su vida por mí y también por ti, allá en el Gólgota. Pero también lo vi victorioso, venciendo la muerte, resucitando al tercer día y subiendo a la diestra del Padre, para seguir intercediendo por nosotros los pecadores.
Y sigue ahí dándonos lecciones hermosas, recordándonos cada cosa que podemos haber olvidado con delicadeza, cargándonos en sus amorosos brazos cuando nos sentimos cansados. Y si en algún momento hemos tenido que ser castigados, recordemos que es para nuestro bien y por lo mucho que nos ama, por tanto “no desmayemos cuando somos de Él reprendidos. Porque el Señor al que ama castiga, y azota a cualquiera que recibe por hijo”.
Querido amigo, únete a nosotros para asistir a esa escuela donde nos enseña el Maestro por excelencia, escudriñemos su palabra para encontrar las educación más bella. Seamos aplicados y aprendamos a ser mejores cristianos, para que un día podamos terminar nuestra carrera con gozo y seamos ganadores del mejor premio, el cielo.
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Milquita que buen desayuno me he encontrado al entrar en esta mañana al rincón, gracias por compartir cosas tan buenas, mientras leía me embarga una profunda gratitud hacia nuestro amado Jesucristo, por lo que ha hecho por nosotros, y me conmoví pensando en su tremendo y grande sacrificio por amor, que Dios nos ayude hacer alumnos aplicados como tú dices para ser mejores cristianos.
Besos