¿Cuál será la razón, que conociendo todo lo que Dios hace en nuestras vidas, muchas veces no lo traemos a nuestra memoria? Uno de esos días en que decaen las fuerzas. En que todo parece más oscuro. Cuando quizás no recordamos, todas las cosas buenas que ese Dios maravilloso nos concede por su misericordia, sostenía una conversación con alguien muy especial para mí, hablábamos de muchas cosas. No recuerdo bien por qué comencé a quejarme y para que entendiera bien mi estado de ánimo, parece que me expresé en una forma no muy agradable, pues enseguida me dijo: Sabes, no me gustó eso que me dijiste. Y comenzó a mencionarme todo lo bueno que hay alrededor de mí, y cómo Dios me ha bendecido de una forma especial, por lo que tengo que estar muy agradecida de Dios. Enseguida que terminamos la conversación, me arrodillé y pedí perdón al Señor. Pues recapacité y comprendí que son más las bendiciones que he recibido de su mano a través de toda mi vida, que las pruebas y las dificultades que se han presentado.
Es verdad que mientras estemos en este tabernáculo tendremos que atravesar por situaciones muy difíciles, y que el dolor muchas veces no nos va a dejar pensar con claridad, pero si hacemos un hábito en nuestro diario vivir de traer a la memoria las bendiciones que recibimos de Dios y no nos concentrarnos tanto en nuestro dolor, todo será más fácil y lo que al presente vemos como algo muy terrible, que no le encontramos solución se tornará en algo maravilloso que nos llenará de gozo, pues esa es la promesa de nuestro amado Salvador.
Hay un himno que a mí me gusta mucho que dice:
“Un día a la vez mi Cristo, es lo que pido de ti.
Dame las fuerzas para vivir un día a la vez.
Ayer ya pasó, mañana quizás no vendrá.
Señor por mi bien yo quiero vivir un día a la vez”.
Vivamos un día a la vez, trayendo a nuestra mente todas las bendiciones que continuamente recibimos de la mano poderosa de nuestro Creador. Nuestra vida cobrará fuerzas, seremos más felices y los que están a nuestro alrededor serán contagiados a hacer lo mismo.
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Gracias Milquita por compartir estas experiencias que nos ayudan a reflexionar. Dios nos conceda sacar siempre el mejor provecho de todo siendo agradecidos con lo que nos da.
Besos y abrazos