Tengo en la pared de mi cocina, un pequeño cuadrito sin apariencia alguna, pero con unas palabras que encierran un gran mensaje espiritual, y dice así: “El Señor es mi Ayudador”. Y en cuántas ocasiones he levantado mis ojos y he tomado fuerzas para continuar mis tareas.
Recuerdo en especial una tarde, casi al final del día, mientras terminaba de preparar los alimentos, meditando en todo lo ocurrido ese día y en algunos días anteriores, comencé a llorar. Me sentí tan sola, como abandonada de todos, débil e inepta para realizar la tarea que me ha tocado, y muy pequeña para enfrentar la prueba; agobiada por una profunda angustia, y por lo duro e injusto que me pareció todo, ahogada por los sollozos, me di vuelta para escapar hacia mi cuarto. Al volverme tropecé con una silla y fui a dar contra la pared donde está el cuadrito, que se desprendió y cayó junto a mis pies. Al levantarlo del piso, por entre mis lágrimas, vi aquella frase: “El Señor es mi Ayudador”. Parecía despedir rayos de luz, que alumbraron las tinieblas de duda y desolación, que habían comenzado a cubrirme. Una dulce presencia sentí que me acompañaba, y una mano muy suave, pero fuerte al mismo tiempo, me sostuvo, dándome fuerzas y no tuve más temor. Porque sé que sola no puedo, pero ¡El Señor es mi Ayudador!
Enviar por E-Mail este artículo




















¡Envíanos un Email

Tia Luly,
Tienes una riqueza espiritual tremenda. Todas esas reflexiones me han gustado mucho. Esto se está poniendo muy bueno