En mi último artículo, escribí algo sobre el bambú, y les decía que en Cuba le llamamos también “caña brava” por su parecido a la caña de azúcar.
Hoy voy a escribir algo sobre el Tren de Bambú, inspirado en una noticia de la prensa que recibo diariamente, donde cuentan del fin del tren de bambú. Dice la nota que pronto dejara de funcionar el mismo, debido a que están reparando la vía y cuando terminen esos arreglos, circulará un tren de metal y ya este humilde y sencillo transporte, no podrá ser usado.
Al tren de bambú los locales le llaman también el Lorry, y consiste en una tabla de madera , a veces de bambú, acoplada a unas pequeñas ruedas de acero que se propulsa con un motor de lancha de río, o en ocasiones, con una motocicleta anclada a la estructura, y por el equivalente de un dólar o quizás menos, pueden los nativos viajar hasta 40Km.
Cuando leí sobre este medio de transporte tan primitivo, recordé que la bella joven con la que me casé hace ya más de sesenta años, ( al menos los hijos, algunos nietos y bisnietos, nos celebraron el aniversario sesenta y uno, el día 14 de este mes de enero del 2012, y todo resultó muy agradable, ¡como siempre!) Pues bien, esa joven nació y se crió en una zona campestre llamada Monte Alto a corta distancia de la ciudad de Los Arabos en la linda provincia de Matanzas, Cuba (provincia en la que yo también nací). Para llegar a la “Casona” de dicha joven, había que ir por una línea cañera, que le llamaban así no porque fuera de bambú, sino porque por ahí era donde traficaban los trenes que llevaban el dulce fruto de la caña de azúcar hasta un central llamado Washington. El coche era un viejo trencito, tirado por una bestia de carga por un tramo de 5Km más o menos. Todo aquello era muy emocionante para mí, no solamente porque era el hogar de mi amada, sino también porque en la ciudad donde me crié (¡mi lindo Cabaiguán!) cruzaba el tren procedente de la Habana, y la carretera Central por la cual circulaban todos los carros y autobuses modernos.
Dispensen que se “descarriló” el tema sobre “El tren de bambú”, y me he olvidado de seguir contándoles sobre el mismo, y me subí en el trencito de Monte Alto, donde como dije anteriormente, nació y se crió la querida madre de mis hijos: Mirtha Rodríguez de Almeida.
Si es de interés para algunos de mis lectores, seguiré contándoles más del tren de bambú…
Buen viaje y hasta la próxima,
Ap. Florentino Almeida
Pensamiento: ¡Qué agradable es dejar vagar el pensamiento por los recuerdos de tiempos pasados…!
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